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El clima en San Martín de la Vega tiene un marcado grado de continentalidad, con veranos calurosos e inviernos fríos. Según la caracterización agroclimática de la provincia de Madrid, la precipitación media anual oscila entre los 450 y los 500 mm y la temperatura media anual entre los 13 y 14ºC, siendo en periodo estival entre22 y 25ºC y en invierno de 6ºC. San Martín de la Vega crece en el valle del río Jarama y cuenta con una de las vegas más fértiles de la Comunidad de Madrid. Más del 80% de su término municipal está incluido en el ámbito del Parque Regional del Sureste, dado su alto interés ecológico y medioambiental. Densidad: 143,51 hab./km². En los últimos 4 años, San Martín de la Vega se ha situado como un enclave turístico, tanto regional como nacional, debido a la apertura Parque Temático Parque Warner, el más grande de Europa Su posición geográfica (Plaza de la Constitución) es 40° 12' 28,69" Norte y 3°34' 7,90" Oeste.
Cómo llegarDesde Madrid, directamente, por la carretera M-301 (Villaverde Bajo a San Martín de la Vega, por Perales del Río) o por la nueva variante de la M-301 por detrás del Cerro de los Ángeles. Hay acceso a la M-301 desde las carreteras M-45 y M-50. Se accede también por las carreteras M-506 (desde la A-4, desvíos 22 y 20 en Pinto y desde la A-3 Arganda del Rey, desvíos 21 (M-832), 22 (nueva M-506) o 42 (M-302 a través de Perales y Morata de Tajuña o desde Chinchón) y desde Ciempozuelos por la M-307 (cruce con la M-404). En tren, desde Pinto (línea de Cercanías C-3, Madrid - Aranjuez) ramal de Cercanías C-3a (Pinto - San Martín de la Vega) que hace parada intermedia en el Parque Temático de la Warner. La estación de San Martín de la Vega está situada en las afueras del pueblo; un autobús urbano, cuyo horario coincide con el de los trenes, recorre la población. Desde Madrid, varias líneas de autobuses regulares con salida en la Plaza de Legazpi (Arganzuela), hacen parada o terminan en San Martín.El aeropuerto más cercano es Madrid-Barajas, 30 Km. al Norte (unos 38 Km. por carretera, 37 minutos sin tráfico). No hay transporte público directo.
Hidrografía, Suelos y Geomorfología.
En San Martín de la Vega el principal y único río es el Jarama, existiendo también una serie de arroyos y barrancos con caudal muy ocasional. El Jarama en su curso bajo, de régimen meandriforme, atraviesa el término municipal en dirección de norte a sur, diferenciándose una zona central ocupada por las terrazas fluviales. La zona occidental y oriental de ambos márgenes del caudal está ocupada fundamentalmente por crestas y cortados yesíferos con suelos del tipo leptosoles y calcisoles. Hay tres unidades geomorfológicos que son:
- Vegas aluviales, con su cauce, llanura de inundación y niveles de terraza.
- Páramos y laderas.
- Coluviales y cantiles yesíferos.
Vegetación y fauna
Patrimonio Natural
San Martín de la Vega cuenta con seis unidades paisajísticas diferenciadas como resultado de la combinación de las distintas unidades geomorfológicos y los tipos de vegetación: RiberaTiene un carácter lineal, de topografía llana. El grado de diversidad paisajística y de especies es alto, así como su calidad, influyendo el hecho de la presencia abundante de agua así como el existente corredor de bosque de galería. Tiene un alto grado potencial visual por su extensión y visibilidad desde numerosos puntos. Encinares y coscojares Tiene una topografía accidentada extendiéndose por las laderas de los cerros y cantiles yesíferos. Posee un alto potencial de vistas sobre el resto de los paisajes del territorio. RegadíosTopografía llana con carácter lineal que cuenta con unos contrastes cromáticos muy altos. La calidad paisajística es muy elevada y el potencial visual es impresionante debido a su extensión. SecanosTopografía suave y ondulada que se intercala entre el resto de paisajes, presentándose en muchas ocasiones como un mosaico de cultivos y matorral. Tiene un alto contraste cromático debido a los barbechos, cultivos y la vegetación espontánea.
PinaresTopografía ondulada y sin apenas contrastes cromáticos debido a este tipo de vegetación, pero aporta un alta calidad paisajística. Cantiles yesíferosNo posee contrastes cromáticos debido a su escasa vegetación y a la ausencia de intervención antrópica. Pero su situación y su orografía le otorgan un alto potencial de vistas desde cualquier otro punto de los anteriormente citados.
PATRIMONIO HISTÓRICO CULTURALSan Martín de la Vega cuenta con una serie de bienes inmuebles, tanto públicos como privados, que por su interés histórico y cultural figuran dentro del Catálogo de elementos Protegidos. Estos son: - Iglesia Parroquial de La Natividad de Nuestra Señora. - Casa de labor en la calle San Marcos. - Casa de labor en la calle Santa Teresa. - Fuente del Martín Pescador. - Antiguas escuelas. - Casa de compuertas de la Real Acequia del Jarama (El Castillo). - Conjunto de casa, bodegas, embalse y jardín de Gózquez de Arriba. - Conjunto urbano del poblado militar de La Marañosa. Algunos de estos bienes son recursos turísticos potenciales, siempre y cuando no se vulnere el grado de protección del cual gozan.
HISTORIAEl término municipal de San Martín de la Vega fue ocupado por el hombre desde la más remota antigüedad. Se han documentado hallazgos de industria lítica en los llanos cercanos a la Casa del Olivar Alto. Consta, por hallazgos de cerámicas, que ya en la Edad de Bronce había grupos asentados en los cerros de La Marañosa. Cerámicas mucho más frecuentes de la Edad de Hierro II, ponen de manifiesto que el poblamiento carpetano seguía instalado en los cerros. Todavía allí tuvo lugar la romanización de la población, según se deduce de los abundantísimos fragmentos de “terra sigillata” hispánica clara. Y es de suponer que con la “pax romana”, los asentamientos fueron extendiéndose por la vega, porque Fuidio dejó constancia de la existencia de restos de una “villa” en La Peñalvilla. En el período romano, por San Martín de la Vega pasaba la vía que comunicaba dos importantes ciudades, Toletum y Complutum (en nuestros días Alcalá de Henares), carpetanas primero y romanas después, vía documentadapor San Isidoro y más tarde por la crónica de Abderrahman III. Un poco al sur otra vía cruzaba desde el Mediterráneo a Salamanca, la “Vía del Esparto”, probable camino de vuelta seguido por Aníbal en su expedición del 220 a. C. Los visigodos ocuparon los antiguos asentamientos romanos. En las proximidades de Gózquez se han hallado restos de esta época.
La Vega del Jarama estaba divididan en cuatro cuadrillas: la primera, la de Ciempozuelos y Las Rozas, la segunda, la de El Casar (hoy San Antón), la tercera, la de San Martín, con Vallecas y Ribacorza y la cuarta, la de Espartinas. También la ciudad de Segovia estaba dividida en cuatro cuadrillas, pero sin que existiese relación entre unas y otras. Madrid protestó por el cerco a que le sometía Segovia. Hubo varios pleitos entre ellas y San Fernando tuvo que intervenir marcando los límites entre las tierras de ambos concejos. Aunque nominalmente San Martín (así se llamaba entonces) y los demás lugares de los sexmos eran de realengo –eran vasallos del rey– las oligarquías de la ciudad, por medio de su concejo, ejercían un señorío “de facto” sobre los sufridos habitantes de las aldeas.
Prueba de ello es que a mediados del siglo XIII, el concejo de Segovia decidió dar estas tierras a los “quiñoneros”, miembros de la caballería de la ciudad. La única obligación de estos caballeros era el estar preparados para acudir a los llamamientos del Rey para sus campañas, normalmente veraniegas, y para que pudieran dedicarse al ejercicio de las armas sin distraer su tiempo en otros quehaceres, se les daban las rentas de estas tierras, que gestionaban con manifiesto absentismo y notable incompetencia, entre otras razones porque tenían obligación de residir en la lejana ciudad. El resultado fue que muy pocos labradores tenían interés en trabajar en semejantes condiciones y estos lugares seguían poco poblados. Por otra parte, a pesar de la prohibición expresa, varios miembros de la oligarquía de la Ciudad, con el permiso escrito del concejo, se hicieron con propiedades en el sexmo de Valdemoro. En 1442 se hizo un nuevo intento de repoblación, esta vez con éxito, bajo los auspicios del denigrado don Enrique IV, cuando todavía era Príncipe de Asturias y además Señor de Segovia. Los quiñoneros vendieron sus tierras a lo que podríamos llamar “el Ayuntamiento General de Pueblos”, que a su vez, en el sexmo de Valdemoro, hizo dejación de las tierras a los concejos de cada uno de los pueblos, que ostentarían la titularidad dominical de éstas, permitiendo a sus habitantes solamente el usufructo de ellas, mientras las trabajasen. Si algún quiñonero quería entrar en el nuevo sistema podía hacerlo, pero en las mismas condiciones que los demás, es decir, labrando por sí o por sus criados a sueldo, pero no arrendando la tierra. Hubo algunos quiñoneros, pocos, que se apuntaron a esto, pero en el caso de San Martín las cosas acabaron mal y el concejo hubo de llegar a un acuerdo con Juan Ruiz de Tapia (así se llamaba este último quiñonero que por cierto, no era de la cuadrilla de San Martín de la ciudad de Segovia, sino de la de San Millán) para comprarle sus heredades y obligarle a marcharse.
Este caballero tenía una casa fuerte con torre, murallas y foso –amén de otras muchas propiedades– que los sanmartineros derribaron cuando le echaron. El concejo también pleiteó con don Esteban de la Hoz, canónigo segoviano que tenía propiedades en el pueblo. En el año 1443, como resultado de la venta de los quiñones, San Martín de la Vega tuvo sus primeras “Ordenanzas de Población”, otorgadas por la Ciudad y Tierra de Segovia y confirmadas por don Enrique IV en una “carta puebla”. Consecuencia de ello fue que nuevos pobladores vinieron a vivir procedentes de pueblos de señorío próximos, en las condiciones señaladas en la venta de los quiñones respecto a la propiedad de la tierra. Las casas, huertas, viñas y olivares podían ser de propiedad particular. Las casas debían ser tejadas y de veinte pies, o más si más quisiesen. Se dieron al concejo, para el común de los vecinos, varias dehesas, entre ellas el Soto del Tamarizo. Con bastantes contratiempos, que en aquella época estaban a la orden del día, el pueblo fue prosperando. Uno de estos contratiempos fue una plaga de langosta en 1483, pero el problema fue solventado por la intervención de San Marcos, que desde ese momento es honrado cada año con fiestas en su día. Durante mucho tiempo se daba en esa fiesta caridad de pan y queso a quien quisiese tomarla, para lo que el Concejo tenía destinado un tercio de lo que rentaba la barca de propiedad municipal que cruzaba el río. Todavía queda la calle de la Caridad.
También hay que destacar que los vecinos de Valdemoro, vasallos del indigno arzobispo de Toledo Alfonso Carrillo, no veían con buenos ojos que San Martín se poblase, porque hasta entonces habían ocupado su término con absoluta impunidad. Realizaron ataques violentos con armas y promovieron pleitos que eran juzgados por su propio señor en tribunales eclesiásticos de forma incalificable. También hubo un pleito con Chinchón por los aprovechamientos de la tierra. Estando así las cosas, en 1480 los Reyes Católicos olvidaron el juramento que Isabel había hecho cuando fue proclamada reina en Segovia (y aunque a la hora de su muerte se arrepintió, su marido no cumplió sus últimas voluntades) y separaron de la Tierra de Segovia 1200 vasallos de los sexmos de Valdemoro y Casarrubios. En un principio lo hicieron parasí, por lo que concedieron a San Martín jurisdicción propia, dándole el villazgo, alcaldes, alguacil, horca, picota y cepo y todas las otras insignias jurisdiccionales y lo declaraban exento y no sujeto a la jurisdicción de Segovia. Hasta entonces los habitantes de las aldeas tenían que acudir a la ciudad para dirimir los pleitos de mayor cuantía. A partir de ese momento todos los pleitos, civiles y criminales serían vistos por los alcaldes de la villa, que en aquellos tiempos eran jueces. Los ediles se llamaban regidores y el alguacil era el brazo ejecutor de la justicia. Pero un mes más tarde donaron los 1200 vasallos (118 de ellos, cabezas de familia, en San Martín) a don Andrés de Cabrera, mayordomo de la reina y a doña Beatriz de Bobadilla, su mujer, ya marqueses de Moya, en pago por los servicios que les prestaron para “haber y cobrar la sucesión del reino de Castilla”, según propia declaración de Isabel. Segovia protestó por la segregación de forma airada y harto extravagante pero de nada le valió y anduvo metida en pleitos contra los Cabrera y los concejos de los pueblos durante cien años en razón de que tanto unos como otros se habían apropiado de terrenos que, decían, eran propiedad comunal de la Ciudad y Tierra, porque habiendo sido lugares poblados antiguamente, en el momento de la cesión estaban despoblados, sin vasallos (probablemente a causa de la peste de 1348) y por tanto no podían ser segregados. En cualquier caso, la Ciudad actuó de mala fe puesto que ignorando la carta de población de San Martín, pedía a ésta la devolución de Vallecas, Vallequillas, el Soto del Tamarizo y otros lugares. Entre estos lugares estaban Gózquez, San Esteban (hoy La Boyeriza) y Alvende (La Sopeña). Felipe II los compró para dotar al recien temente fundado monasterio de El Escorial.
El Real Consejo comisionó al corregidor de Yllescas para hacer cumplir la sentencia, el cual se trasladó a San Martín y, tras despojar de las tierras a los hacendados, volvió a poner a tres repartidores para que repartiesen las tierras haciendo suertes por diez años, como se hacía en la Edad Media. De todas las cofradías existentes sólo sobrevivió la de Nuestra Señora del Rosario, que sigue activa en nuestros días. La preciosa capilla de la Cofradía del Santísimo Rosario, al lado de la epístola del templo parroquial, parece que se construyó entre 1653 y 1657. También parece que por esa época se construyó la airosa torre del campanario. Queda constancia documental de que en aquellos años se acometieron obras importantes en la iglesia parroquial, que por entonces se llamaba de Santa María y que existía ya en la Edad Media. También sabemos que la ermita de San Marcos se construyó en 1553 por varios vecinos a título particular, para poner en ella una imagen del santo, que ya tenían. Había en el pueblo otras ermitas, algunas con buenos retablos, que fueron desapareciendo. La plata de la iglesia se la llevaron los franceses en 1810, con el beneplácito del conde de Cabarrús, para protegerla, decían, de “las partidas de bandidos que suelen ir robando las alhajas de plata que encuentran”. Aunque pocos años antes de la sentencia del Real Consejo de Castilla de 1765 se había completado la construcción de la Real Acequia del Jarama, casi como hoy la conocemos, el primer proyecto data de tiempos de Felipe II, contribuyendo a él personas tan distinguidas como Juanelo Turriano y Juan de Herrera. Hay quien sostiene que fue Herrera el arquitecto del Castillo de Compuertas, construido con las piedras de la iglesia del despoblado Alvende. El segundo proyecto, de 1683, llevó el agua hasta el desaguador de Matalobos. Hubo que hacer importantes reformas – y prolongaciones– en 1740 y más tarde en 1910-1957. La nueva presa del rey se concluyó en 1971. En 1936 se completó la obra del puente sobre el Jarama que en 1947 quedó en seco. Y no se puede acabar este resumen histórico sin recordar que San Martín de la Vega ganó triste celebridad por ser, durante la guerra civil española, teatro de una de las más sangrientas batallas libradas en ella, la batalla del Jarama, que tuvo lugar en su término municipal. Según un historiador militar “la batalla acabó por agotamiento de ambos contendientes” y produjo daños de consideración en muchos edificios del pueblo y muchas pérdidas humanas en ambos bandos.
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